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EL CENTESIMO MONO
De Osqui Guzman
Reestreno jueves 16 de febrero 2012
Jueves – 21hs
Viernes 20hs
Duracion: 90 minutos
Localidades $60 / $40 descuento estudiantes y jubilados
FICHA TÉCNICA
Dirección: Osqui Guzmán
Asistencia de dirección: Juan Manuel Wolcoff
Elenco: Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff, Emanuel Zaldua
Diseño de Escenografía y Vestuario: Gabriela A. Fernandez
Asistencia de escenografía y vestuario: Estefanía Bonessa
Realización de vestuario: Patricio Delgado
Realización de escenografía: Miguel Yanson
Iluminación: Adrián Cintioli
Música: Tomás Rodriguez
Prensa: Debora Lachter
Asistencia de Produccion: Silvina Palacios
Producción ejecutiva: Suky Martínez
SINOPSIS
Cuando el número cien de una especie adopta un determinado comportamiento, en otra parte del mundo, otros de la misma especie lo toma como propio, sin siquiera haberse comunicado.
La magia es una cómica versión de la muerte. Hay un mago que se está muriendo. Debe operarse de urgencia ¿Qué sucede en su cabeza una vez que le han aplicado la anestesia total? Los sueños más estúpidos, la intimidad de su oficio y la lucha por librarse de los trucos, que le negaron la posibilidad de creer en la magia.
Si embargo tiene ahora una oportunidad: su propia muerte puede ser el único momento mágico de su existencia. Veamos qué decide. EL CENTÉSIMO MONO, una comedia patética sobre la existencia mágica.
NOTAS
EL TIEMPO ARGENTINO (31 de Marzo 2011)
Osqui guzmán estrena hoy el centésimo mono – En ese lugar del cerebro que nunca duerme - Mercedes Méndez
Escribió y dirige la obra que hoy debuta en La Carpintería acerca de un mago que debe operarse de urgencia y una pregunta clave: ¿Qué pasa en su cabeza una vez que le han aplicado la anestesia total? Un cruce entre magia y teatro. Osqui Guzmán habla alucinado de los misterios de la ciencia. Cuenta que cuando operan de la cabeza a una persona y le ponen anestesia total, hay un sector del cerebro que sigue en funcionamiento, pero que los médicos no determinaron todavía qué sucede con esta función cerebral. Tanto le llama la atención este espacio sin reconocer del cuerpo humano, que decidió escribir y dirigir una obra de teatro en la que la historia transcurre en este enigmático lugar.
El último trabajo de este actor –que supo ser uno de los referentes de la improvisación y la cara de algunas de las obras más elogiadas de los últimos años– indaga, al mismo tiempo, en el mundo de la magia y de la muerte. El centésimo mono se estrena hoy a las 21 y cuenta con la actuación de los magos y actores Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldua. De esa manera, Osqui se valió de todos los recursos del teatro, que conoce de sobra, para plantear una pieza que sucede en un lugar mágico. “La historia transcurre alrededor de este mago que se está por morir mientras lo están operando. Desde esa situación, nos planteamos todas las preguntas que se hicieron estos magos para hacer la obra ¿Por qué sos mago? ¿Por qué le querés hacer creer al mundo que la magia existe? ¿Quién te mandó? Para nosotros es una comedia patética, porque se acerca a lo trágico. Hay un destino que es ineludible: la muerte. Se respira de entrada. La muerte está entre nosotros”, cuenta Guzmán, en un intento de revelar los entretelones de un trabajo que lo tiene hace más de siete meses en pleno proceso creativo. La apuesta de Osqui es por la intimidad. Y dice que ese es el poder del teatro: “Observar el mundo desde lo micro.” “Cuando todo el mundo habla de lo macro, del shopping, de los mega cines, los mega shows, el teatro ve aquello que nadie se detiene a ver”, explica. Por eso, su obra transcurre en la intimidad y la soledad del mago. Además, decidió responder a un pedido que le hicieron estos actores: recuperar los efectos más antiguos de su arte, los que nadie les pide en sus presentaciones. “Hay algo muy terrible en eso, porque el mago, como está anclado en un lugar de divertimento para el otro, hay cosas que no puede hacer y sólo el teatro le da esa posibilidad.”
A su vez, El centésimo mono transcurre frente a la urgencia de que el personaje está por morir.
“El hombre frente a la muerte cumple los mismos estadíos que cumple el espectador frente a la magia”, dice el actor de El Bululú. “Una persona cuando se está por morir, primero niega la muerte. Después viene la rabia: ‘¡Por qué me voy a morir yo!’”, dice. Más tarde llega la negociación con la muerte: “Antes de morir voy a hacer un viaje, voy a comprarle propiedades a mis hijos. ¡Dame tiempo! Al final viene la depresión y por último la aceptación. Esto es cuando ya estás listo para morir”, explica. Parece que con la magia pasa algo parecido. “El espectador cuando se encuentra frente al mago, lo primero que hace es negar esa ilusión. Pero el mago empieza con sus trucos y la gente empieza a sentir rabia. ‘¿Cómo hace?’, se preguntan. Después viene la negociación: ‘Está bien, te aplaudo. Lo hiciste bien, pero no me engañes, yo sé que me estás escondiendo algo.’ Y finalmente, la aceptación, te queda la sensación mágica de que el mago es bueno. La obra propone que aceptemos la magia, como aceptamos la muerte”, dice este actor y no deja lugar para las dudas.
El espectáculo que ideó Osqui Guzmán promete llenar todos los asientos de La Carpintería, la sala de teatro independiente donde se presenta. Aunque él dice que no se entera, hay un público fiel que lo sigue en cada uno de sus trabajos. Y Guzmán lo reconoce: “Con los aplausos me entero que hay algo extra. Pero a veces pienso que no. Con El Bululú me pasaron cosas increíbles. Un tipo me esperó a la salida del teatro, estaba parado llorando. Me mira con una cara terrible, no sabía qué me iba a hacer, y me pone su mano en mi hombro y lo único que me dice es: ‘Vos no sabés todavía’. Otro espectador se paró en el saludo final y a los gritos dijo que yo era Maradona. Yo sé que eso sucede en el momento del shock.” Teatro / Estreno en La carpinteria.
LA NACION
Empecinado elogio a la ilusión – Osqui Guzmán le pone su sello a El centésimo mono, que combina magia y ficción – Verónica Pagés
Osqui Guzmán llega a la entrevista agotado. El fin de semana lo palmó una fiebre de 39 grados, esas que a un adulto dejan sin posibilidad de reacción. ¿Mucho trabajo? Debe ser así, ya que está por estrenar una obra que lleva su sello en el texto y la dirección; está ensayando con Omar Calicchio un infantil bajo las órdenes de Héctor Presa; comenzó con un proyecto que lo tiene a Mauricio Kartun como guía; vuelve con El bululú al Cervantes y sigue al frente de un programa de radio en FM UBA.
Con la cabeza llena de certezas entonces es fácil preguntarle “¿Mucho trabajo, mucho estrés?” Osqui quita absoluta relevancia a la pregunta y se queda en silencio unos segundos y manda: “Debe ser Midón”. Golpe al corazón. En un segundo aparecen en la cabeza las imágenes de algunas de las obras en las que trabajaron juntos como Derechos torcidos o El grito pelado .
“Ya todos sabíamos, pero eso no amainó el golpe. Lo del sábado fue durísimo -dice y sorpresivamente una sonrisa le ilumina el rostro-. Pero fue tan él hasta último momento que era muy bueno verlo.”
La sonrisa le contagia el ánimo y Osqui reconoce que sí, que también está con mucho trabajo; pero que eso lo tiene feliz, activo, despierto para seguir adelante. Entonces deja de lado la nostalgia, la pena, el dolor y arremete: “Va a ser un buen año. Estoy rodeado de proyectos teatrales, ¿qué más puedo desear?”
Dos mundos
Entonces sí es pertinente ampliar datos, ponerse prácticos y prender el grabador. Pero el hombre se le da por hablar de magia y cualquier intento serio de ser pragmático -afortunadamente- naufraga. Es que esta noche sube a escena El centésimo mono , una obra que nació a partir de la idea de tres magos actores (Marcelo Goober, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldúa) que necesitaban contar algo que les diera la oportunidad de unir ambos mundos: la magia y el teatro. Efectos mágicos entreverados en una la ficción que volviera orgánico un truco, un misterio, una prueba, un error. Y los dejó hacer. Osqui se dedicó a mirar a esos tres magos que, indefectiblemente, siempre le ocultaban algo. Hay algo inherente a la magia que es el ocultamiento, el no mostrar nunca todo, el empecinado elogio a la ilusión.
“Necesitaba que la situación dramática genere un efecto mágico y que el efecto mágico despierte la situación dramática. Por suerte además de grandes magos son muy buenos actores, y no fue difícil que los dos lenguajes se equipararan y dialogaran entre ellos”, cuenta Osqui, a quien le empezó a cerrar la idea de qué sucede en la cabeza de un mago cuando se está por morir, qué de todos los rituales, los vicios, las obsesiones permanecen latentes.
Una cosa descubrió Osqui durante todo el tiempo de trabajo que les demandó este proyecto y es que los magos son magos todos el tiempo. “A los actores no nos sucede lo mismo; ellos no dejan de ser magos, de pensar trucos, efectos, imaginar maquinarias que los ayuden a lograr determinado final. Eso los hace especiales, los hace entrañables. Eso hace que hasta en el último minuto de conciencia, un mago sigue fiel a su esencia mágica”, dice y encuentra paralelos y parecidos entre la magia, el teatro y la muerte.
Y una tragedia con final inapelable se fue nutriendo de poesía, de un humor que la pinta de comedia negra y de magia conmovedora. Al menos eso es lo que transmite Osqui Guzmán, un actor acostumbrado a meterle magia al teatro. Cualquiera que haya visto alguno de sus trabajos, lo sabe.
PAGINA 12 (29 de marzo de 2011)
Teatro > La obra el Centesimo mono aborda un cruce entre el teatro y la magia / Jugar al misterio y la comprobación - Sebastián Ackerman
Osqui Guzmán es el dramaturgo y director de este espectáculo en el que actúan Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldua.
Osqui Guzmán ya está listo, y Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldua, los tres magos que actúan en El centésimo mono, definen que será Kusnetzoff el que también charle con Página/12 sobre la obra, que narra qué es lo que imagina un mago que está siendo operado y se acerca a la muerte. “Uno no deja de ser mago nunca, ve todo desde un punto de vista mágico”, dice Guzmán, que comprendió esa mirada después de muchas charlas entre los cuatro. “Entonces pensábamos que lo más rico era creer que un mago, en el momento de su muerte, piensa que va a trabajar. Y ahí se despiertan sus deseos, sus pasiones, sus frustraciones, sus obsesiones”, adelanta. A su lado, Kusnetzoff explica que entre los tres muestran diferentes calidades, ideales y pensamientos de mago, “con sueños diversos”. “Creo que ayuda a dar un abanico más grande de las características de los magos, y lo que quieren y desean hacer con su magia”, destaca sobre el espectáculo que se presenta los jueves a las 21 en La Carpintería Teatro (Jean Jaurès 858).
El desafío que se plantearon los magos, y le acercaron a Guzmán para que hiciera la dramaturgia y la dirección, fue cruzar el teatro con la magia. Kusnetzoff recuerda que la intención no era hacer un show de magia entre los tres, sino dar “un salto” en la experiencia artística. “Nos propusimos este cruce que se ve casi imposible porque son mundos, a priori, bastante dispares”, ya que, analiza, “la acción dramática avanza contando una historia, y la magia tiene el riesgo de cortar eso, porque en el espectador el efecto mágico puede generar que se detenga a pensar cómo lo hizo”. “Pero si por miedo a eso la magia queda en un nivel muy bajo de impacto, puede que la gente no viva esa sensación mágica, que quede como un efecto especial de una obra de teatro”, completa. Y Guzmán agrega que al trabajar con actos de magia que “tienen su propio mundo”, tuvieron que encontrar qué situación dramática abría la puerta para un efecto mágico, y qué efecto mágico abría la puerta para una situación dramática. “De esa manera es que fuimos tejiendo la obra”, explica.
¿Cómo hacer de la muerte una comedia? “Lo patético es lo inevitable, cuando ves el rumbo pero al mismo tiempo pensás que es ridículo. Su destino es trágico, pero no deja de motivarte risa”, apuesta el director sobre lo que define como “una obra de teatro con experiencia mágica”. “Hago cosas antes de entrar a función, como calentar la voz, y si traslado eso al hall del teatro sería ridículo, patético, porque si me ven, se ríen, pero para mí es vital, importantísimo”, confiesa. “Es un destino trágico vivido de una manera tan trivial, tan mundana, que se vuelve patético. Y ellos plantearon esas cosas que hacen antes de salir a un show… Qué sé yo, ¡Copperfield se tirará spray en el pelo!”, bromea Guzmán. Y Kusnetzoff dice que el repertorio mágico, de muy buena factura, “fue infinitamente trabajado no sólo porque sea interesante y original sino para que contara la obra. No hay efectos porque sí”, asegura.
Aunque el personaje de Zaldua asume el rol de narrador, en la puesta en escena los magos no pueden verse ni escucharse, a pesar de que comparten el mismo espacio: esa multiplicidad de personajes es utilizada como una ventaja para de- sarrollar la historia. “Si tengo que hacer que haya magia entre ellos, la puesta plantea un procedimiento mágico: no se ven, no se tocan ni escuchan, aunque parezca que están en el mismo lugar; pero están en distintos lugares y nosotros vemos que les está pasando lo mismo”, argumenta. Eso sucede con la teoría del centésimo mono: cuando un comportamiento es adoptado por el ejemplar número cien de una especie (“monos, pájaros o magos”, ejemplifican), esa misma acción es aprendida inmediatamente por todos los de esa especie, se encuentren donde se encuentren. Hacen lo mismo sin ponerse de acuerdo. Y eso les ocurre a los personajes, que comparten la preparación previa al show que deberían realizar. “La teoría del centésimo mono está activada, porque los estamos viendo en diferentes lugares”, se entusiasma.
El mago que es operado finalmente muere, y ese recorrido es el que transcurre con los personajes en escena. También es un paralelismo que realizan entre la magia y la muerte. Frente a la Parca, Guzmán asegura que hay cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. “El espectador pasa por los mismos sentimientos”, afirma. Y compara: “El mago dice que va a hacer magia y el espectador dice ‘La magia no existe’; luego la rabia (‘Qué guacho, ¿cómo lo hace? ¡No lo puedo descubrir!’); después negocia (‘Te aplaudo, cumplo mi rol, pero te voy a descubrir’); más tarde viene la depresión, cuando uno se suma al montón a aplaudir y ya no piensa si existe o no existe la magia, y al final la aceptación (‘La magia existe’). Ese es el trabajo que hace el mago con el espectador, y es el que hace la Muerte con el mago”, anticipa. “La muerte es misterio; la vida es comprobable. La magia está hecha de esas dos cosas, misterio y comprobación. Es la mezcla de las dos cosas, y en esa mezcla estamos jugando”, concluyen, mágicamente, casi a dúo.
El mejor show de magia que vi en mi vida, honestamente la puesta en escena donde la magia juega a protagonizar, es realmente increíble
Por: Gps el julio 1, 2011
a las 3:19 am
EXCELENTE! los actores, el texto, la magia! El que no la vio tiene que hacerlo y el que ya lo hizo, tiene que volver!
Por: Sebastián I. Bibbó el julio 8, 2011
a las 1:54 am